
En si misma a María no se le reza, pues ella no es Dios.
Ella ha sido la llena de gracia, la madre de Dios y la madre de los hombres, y en su maternidad su oración ayuda a la nuestra para llegar hasta Dios.
Asi lo proclama una ermitaña anónima en esta oración:
María, llena de gracia
rostro donde se lee
la maravillosa belleza de la creación,
María cristal puro
donde nuestros nombres
están escritos sobre la piedra blanca,
María, llama viva
en el camino de nuestro desierto;
dulzura de nuestros días áridos,
sonrisa de nuestros días de prueba,
alegría tranquila
de nuestros días de paz.
Enseñarnos Purísima,
el camino del abandono total,
el camino del corazón de Dios por el Hijo.
Enseñarnos, Dulcísoma,
la contemplación silenciosa
que guarda todss las cosas en su corazón.
Enseñános, toda Bella
el impulso del amor
que no cuenta los pasos que le llevan
a acompañar la Gloria del Bienamado.
Tiempo de orar tiempo de vivir. p 147
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