martes, 23 de octubre de 2007

María y la oración.


En si misma a María no se le reza, pues ella no es Dios.

Ella ha sido la llena de gracia, la madre de Dios y la madre de los hombres, y en su maternidad su oración ayuda a la nuestra para llegar hasta Dios.

Asi lo proclama una ermitaña anónima en esta oración:

María, llena de gracia

rostro donde se lee

la maravillosa belleza de la creación,

María cristal puro

donde nuestros nombres

están escritos sobre la piedra blanca,

María, llama viva

en el camino de nuestro desierto;

dulzura de nuestros días áridos,

sonrisa de nuestros días de prueba,

alegría tranquila

de nuestros días de paz.

Enseñarnos Purísima,

el camino del abandono total,

el camino del corazón de Dios por el Hijo.

Enseñarnos, Dulcísoma,

la contemplación silenciosa

que guarda todss las cosas en su corazón.

Enseñános, toda Bella

el impulso del amor

que no cuenta los pasos que le llevan

a acompañar la Gloria del Bienamado.

Tiempo de orar tiempo de vivir. p 147

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