viernes, 14 de diciembre de 2007

Salve María


Dulcísima hija de Ana.

El amor me empuja hacía ti.

¿Cómo podré describir tu actitud tan digna?

¿Y tu vestido? ¿Y la bellezsa de tu ara?

¿Y la conducta sensata de tu juventud?

Tú vestido fue modesto

lejos dela molicie y el lujo,

grave tu andar, ni precpitado ni lánguido,

serio el comprtamiento, alegre

por la vivacidad juvenil,

máximo el cuidado cn los hosmbres,

como indica aquel temor que te sacudió

en el inesperado coloquio con el ánel.

Fuiste duce y respetuosa

con tus progenitores

humilde de espíritu en la más alta contemplación;

amble ablando como correspondía

a tu espríriti afabñe.

En resumen, ¡qué otra cosa había en ti sino la digna permanencia

de Dios?

Con justicia todas las generaciones te proclaman

bienaventurada

porque eres tú la gloria del género humano.

Tú el honor de os sacerdotes,

la esperanza de los cristianos,

la planta fértil de la virginidad.

Por ti se difundió por todas partes

l belelza de lavirginidad.

¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto

de tu vientre!


Juan Damasceno escribió este texto y otros alabando a la Virgen, proclamando su intercesión.

Este texto tiene relación con el advieno que estamos viviendo los cristianos ahora.

El texto tiene inocencia y poesía, amor y ternura.

San juan Damasceno vivió entre el 675-749.

Siempre es bueno acudir a María y en este tiempo tan especial también.

Ella nos puede enseñar a vivir una navidad de esperanza, lejos del consumismo y aburrimiento que ensalza la sociedad.

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