miércoles, 29 de agosto de 2007

Que poco se trabaja en verano.

Este blog los últimos días lo tengo un poco abandonado.
Es menester darle una caricia, atenderlo un poco, y dejarlo crecer un poquito.
Hemos tenido un verano bastante frío, pero esta mañana el calor era agradable y he dado un paseo.
Naturalmente he pasado por el parque, olido las flores, escuchado los pájaros, y algún niño en la silleta acompañado por su abuelo.
He visto los árboles.
Alrededor de este árbol colocarón hace tiempo unas feas losetas de piedra, en las que los zapatos se enredan, y cuando los niños se caen se hacen un destrozo.
Las losetas aprisionaban las raíces del árbol, pero este con el tiempo y su fuerza ha ido levantandolas.
Ahora aparecen como una pequeña colina de granito roto, y las raíces del árbol siguen alimentandose de la tierra y creciendo.
Ya pueden en la vida presionar sobre nuestras raíces divinas, presionarlas, castigarlas, pero al final romperán todo aquello que les impide crecer y formar parte de la vida.
El árbol de parque me ha enseñado que puedo ser más fuerte que las circunstancias que me rodeen, firme en mis raíces.
El sol hoy ilumina mejor este día.

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