Hoy es día de silencio.
Los Hosanas se fueron apagando desde las primeras
horas de la semana.
No duraron mas allá del martes.
El Jueves fue día de amor,
presencia,
misericordia.
El día que comprendimos que la vida era amar,
que nuestras manos estaban hechas para compartir el pan,
y que éramos sacerdotes, presencia de Dios,para los hombres
de esta mundo, amado por Dios.
El Viernes fueron las horas de las tinieblas.
Cuando el único Justo fue muerto en la Cruz.
Cuando los poderes de este mundo se imponían
sobre la utopía del Reino de Dios.
Horas de lágrimas y lamentos.
De oscuridades.
Ahora es tiempo de espera.
Fe en el Padre de la Vida.
La última palabra es la suya.
Fe en la resurrección de Cristo y en la mia propia.
Espera del momento de Dios
para que mi mundo interior sea iluminado
y glorificado.
Hora de ensayo de aleluyas,
para que al atardecer
en medio del fuego
sintamos la presencia del Cristo libertador
de las miserias humanas.
Las esperas son tensas, nerviosas.
Con cosquilleo en las tripas
y prisas en las manecillas de los relojes.
Pausadamente
llegará la tarde
y se haran ciertas las promesas.
La Vida vence a la muerte.
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