
Para un teológo los evangelios es la fuente de su experiencia y de su teología.En ellos se encuentra uno cara a cara con Jesús el Resucitado,el Redentor,el Pastor,la Puerta, y asi lo da a conocer a su comunidad o a los que escuchan su mensaje.
Por eso el profesor de escritura tiene que ser un hombre muy especial.Que sea capaz de seducir al alumno por el evangelista que estudia.
Con el apóstol Juan tuvimos la inmensa suerte de tener un profesor extraordianario.
Capuchino, directo heredero de Francisco en cuanto a bondad, y a Antonio de Padua en cuanto sabiduría.
Como habíamos trabajado mucho y bien durante el curso nos propuso hacer un examen espiritual.
Se trataba simplemente de preparar unos versículos del evangelio de Juan, y en una mañana ir a donde vivía, el refugio del Salvador en Navarra, y explicarselo cara a cara.
Bueno también hubo otra posibilidad:traducir un libro del inglés acerca del evanglio joánico, como correspondía a una clase de brillantes alumnos uno se ofreció a traducirlo.
Sólo por eso tenia el sobresaliente concedido.
Yo no hablo inglés, si hubiese sido francés si estaba a mi alcance.
Bueno pues fuimos 4 alumnos a hacer el examen.Si cuatro,porque ya estabamos en plena crisis de vocaciones en la iglesia, y bien que mal todavía estamos a falta de clero.
De los cuatro una era misionera, que luego ha tenido una azarosa y fructífera vida.
Llegamos a las once de la mañana.Como es normal en tierras navarras y la fraternidad franciscana obliga, el profesor nos preparó un amaiketako.O sea un almuerzo.
Chorizo de Pamplona,picado fino,pan de pueblo, y clarete.
A esas horas de la mañana entró como una bendición.
Pero a nuestra compañera, que se levantó pronto por la mañana y apenas desayunó se le subieron los dos vasicos de clarete.Este clarete de pueblo es peleón.
Un poco mareada estaba, con lo que nos pidió que le dejaramos entrar la última y asi se le pasaba el susto.
En hora y media ya teníamos nuestra nota,notable alto general,y nos dispusimos a celebrar la eucaristía,naturalmente con textos de las cartas de Juan y de su Evangelio.
Acto seguido comimos, y asi termino el examen mas espiritual que he tenido nunca.El sol nos acompañó en aquella mañana de primavera.Tanto meteorologica como de cada uno.
Eramos unos retoños que empezabamos a crecer.
En verdad que hemos crecido bien,acompañados por nuestros amigos de la tierra y aquellos que nos cuidan desde el cielo.
Estos recuerdos me hacen seguir creciendo y darle gracias a Dios por todo su amor.
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