lunes, 21 de mayo de 2007



Nos acercamos a Pentecostés.

No sabemos como expresar con palabras esta fuerza divina que arde en nuestro interior, por eso desde siempre se han usado metáforas e imágenes para explicarlo.

Contemplar esta pintura en silencio moldeara el ser profundo para recibir la totalidad, el don absoluto que se nos da.

Alrededor de María vemos a los apóstoles.Los seguidores de Jesús somos sus apóstoles, sus amigos, sus amados desde toda la eternidad.

Las primeras caras que vemos reflejan asombro,incluso temor reverencial frente a la magnificiencia divina.Frente la luz que se nos regala.

Los discípulos que estan en medio, reciben el don con amor,en sus rostros se dibujan tiernamente gestos de amor, ternura y reconocimiento.

En la última fila están de pie, dispuestos a evangelizar,con fortaleza y suavidad, con ternura y con vigor.

En silencio, recogida como una flor antes de primavera, esta María.

Como un cuenco vacío se deja llenar de nuevo por la fragancia del Espíritu.Ya tenía experiencia enterior, cuando un ángel la saludo treinta años atrás.Cuando jovencita aún dijo que si a Dios.

Se vacía de sí misma para ser completamente llenada por la suavidad divina.

Arriba del todo el fuego y la luz de Dios, el Espíritu Santo en todo su esplendor como máximo protagonista de la situación.

Su luz llega a todos los rincones.

Hay una cortina corrida, ya no existe el velo que separaba a los hombres de la cercanía de Dios.

Este velo corrido deja pasar a la Paloma para llegar al corazón de todo hombre.

En el rincón derecho vemos dos columnas.

Sostienen todo el edificio.Edificio que alberga a María y a los apóstoles.La iglesia.

Jesús de Nazareth y el Espiritu Santo sostienen esta Iglesia en todos sus momentos.

La casa no se caerá, es seguro.

Podemos sentirnos protegidos a pesar de las inclemencias exteriores.

Asombro, amor, fortaleza, vacío de uno mismo.

En medio de todo el Espíritu como fuente de vida, com amor.

¡Ven Espíritu Santo.!

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